Una nueva lección aprendida. La superficie queda muy lejos del fondo.
Es una de esas frases que escuchas y lees un millón de veces, pero que no son
algo más que frases vacías, hasta que llega algo o alguien que hace que cobren
sentido para ti.
Si lo miras de lejos puede parecer muchas cosas, dependiendo de
quién lo mire. A mí me pareció un chico bromista y despreocupado. Un buen
chico, alguien responsable, pero el típico que bromea a todo momento y se ríe
siempre. O puede que esa no fuera mi primera impresión, ya que no lo recuerdo
con claridad a pesar de que fue hace relativamente poco.
Cuando Sonia me hablaba de él, lo identificaba como “el de los
ojazos”, y a pesar de que yo nunca le había mirado a los ojos, ya sabía que me
estaba hablando de ese chico alto de Bachillerato, con el pelo más largo de lo
normal que tenía una sonrisa contagiosa y la piel blanquísima. Pero lo cierto
es que cuando vi sus ojos, entendí por qué Sonia prefería referirse a él con
ese sobrenombre. La verdad es que sus ojos imponen. Son realmente bonitos y
desde que empecé a hablar con él, no pude apartar la vista de ellos. A veces me
quedaba mirándolos y él, al darse cuenta, me decía “¿Qué pasa?” Yo apartaba la
vista solo por cortesía, porque si fuera por mí seguiría observando sus ojos.
Son muy claros y la verdad es que se me ocurren un montón de símiles con ellos,
pero no me voy a poner cursi.
A simple vista me pareció un chico majo, pero cuando de verdad
pensé en él como alguien simpático fue el día de la expo, con el asunto de la
esvástica. Insistió tanto que, aunque pareciera un cansino, comencé a pensar
que era realmente majo.
A partir de ahí mi opinión sobre él solo ha ido mejorando. Y con
el tiempo he descubierto que ese chico que parecía desinteresado hacia los
temas que a mí me fascinan, en realidad era todo lo contrario. La primera
sorpresa me la lleve un día en Cádiz cuando tuvimos una larga conversación con
Rubén en la piscina. Fui la única defensora de Bécquer y la literatura de entre
todos los chicos de Bachillerato. La verdad es que tuve la sensación de que me
miraban como a un marciano. Pero al acabar, cuando ya me iba de allí, él se
acercó a mí y en susurros me dijo “No te creas, que a mi Bécquer me gusta
mucho. Es mi poeta favorito.”
No se exactamente cuando
ha sido, pero he empezado a considerarlo un buen amigo.
Puede que fuera por esas largas conversaciones en el autobús de
vuelta de Cádiz, donde no dejamos de preguntarnos cosas para conocernos mejor.
Aunque admito que mi falta de sueño hizo que las preguntas fueran más por su
parte. Y por la mía fueran respuestas, que luego yo concluía con un “¿Y tú qué
opinas?” para seguir la conversación.
O puede que lo que me hizo considerarlo mi amigo fuera su ayuda
desinteresada hacía mí, cuando yo me veía frustrada por la costa de Cádiz,
incapaz de arrastrar mi piragua al mar, o de caminar sola kilómetros por
Sevilla con Rubén hablando sobre Luis Cernuda. Porque en aquellos momentos él
no me conocía prácticamente nada, pero aun así, fue de los pocos que se molestó
en peguntarme que tal mi pie, y más aún que se ofreció a ayudarme. Y eso me
hizo plantearme cuanto me quedaba por conocer de él, y es algo que aún hoy me
sigo preguntando. ¿Qué descubriré mañana que me pueda sorprender?
“Yo estaba entre estudiar física y filosofía”
Lo que me reí cuando le escuché decir esa frase. Es una persona
con muchos puntos curiosos y ese es uno de ellos. Sale del estereotipo de
ciencias o letras, le gustan cosas de ambos lados. Y luego llega y te suelta
una frase tan ingeniosa como bonita que te hace quedarte con la boca abierta. “Las
personas tienen relieves ¿No? Si todo fueran cosas buenas, serías el
protagonista de un cuento y no un personaje redondo.”
Un personaje redondo como los de las historias de Maggie
Stiefvater. Como Sam y los demás lobos. Recuerdo que él usó ese adjetivo para
describir a Beck. “¿Crees que alguien como yo podría ser algún día ejemplo para
alguien?” No sé por qué pero esa pregunta me chocó un poco. Quizá sea por el hecho
de que noté cierta inseguridad en ella, cuando en mi cabeza él estaba
personificado como alguien bastante seguro de sí mismo.
“Tú no tienes nada que aprender de mí, Marta” me dijo en una
ocasión. Pero yo creo que tengo demasiadas cosas que aprender de él. No lo voy
a tomar como ejemplo, pero hay muchos aspectos en los que me gustaría ser como
él. Saber de filosofía, o aprenderme tantas citas diferentes como se sabe. Creo
que todo eso lo considera pedante pero a mí me parece genial.
También me he dado cuenta de que la opinión sobre el chico
cambia dependiendo de la persona que hable. Este es solo mi punto de vista,
pero he oído otras versiones de su persona (yo me he encargado de preguntar) y
me he topado con cosas de él que no sabía. Todavía me quedan muchas cosas por
descubrir. Y mientras las voy descubriendo, puedo decir bien alto que este
chico vale la pena, y que sinceramente quiero seguir siendo amiga suya. Aunque
se meta conmigo, y me llame rubia y torpe. Y me diga pija, débil y choni. Nada
de eso lo dice en serio. Luego se ofrece a enseñarme a tocar la guitarra, me explica las reglas de las magic o hace de
mi guía en el LOL pacientemente. Y con todo eso lo arregla.
Ya no me queda nada más que decir, y si alguna vez lee
esto espero no piense que estoy colada por él o algo así porque le encanta
bromear con esas cosas.
Asique me alegro de que Rubén te hiciera confesar que estás loco
por Bécquer porque quien sabe si hubiéramos hablado tanto de lo contrario. Me
alegro que confíes en mí para contarme tantas cosas como me has contado. Me
alegro que me hayas enseñado como eres. De verdad.
Gracias.