domingo, 6 de julio de 2014

La superficie está muy lejos del fondo

Una nueva lección aprendida. La superficie queda muy lejos del fondo. Es una de esas frases que escuchas y lees un millón de veces, pero que no son algo más que frases vacías, hasta que llega algo o alguien que hace que cobren sentido para ti.
Si lo miras de lejos puede parecer muchas cosas, dependiendo de quién lo mire. A mí me pareció un chico bromista y despreocupado. Un buen chico, alguien responsable, pero el típico que bromea a todo momento y se ríe siempre. O puede que esa no fuera mi primera impresión, ya que no lo recuerdo con claridad a pesar de que fue hace relativamente poco.

Cuando Sonia me hablaba de él, lo identificaba como “el de los ojazos”, y a pesar de que yo nunca le había mirado a los ojos, ya sabía que me estaba hablando de ese chico alto de Bachillerato, con el pelo más largo de lo normal que tenía una sonrisa contagiosa y la piel blanquísima. Pero lo cierto es que cuando vi sus ojos, entendí por qué Sonia prefería referirse a él con ese sobrenombre. La verdad es que sus ojos imponen. Son realmente bonitos y desde que empecé a hablar con él, no pude apartar la vista de ellos. A veces me quedaba mirándolos y él, al darse cuenta, me decía “¿Qué pasa?” Yo apartaba la vista solo por cortesía, porque si fuera por mí seguiría observando sus ojos. Son muy claros y la verdad es que se me ocurren un montón de símiles con ellos, pero no me voy a poner cursi.

A simple vista me pareció un chico majo, pero cuando de verdad pensé en él como alguien simpático fue el día de la expo, con el asunto de la esvástica. Insistió tanto que, aunque pareciera un cansino, comencé a pensar que era realmente majo.

A partir de ahí mi opinión sobre él solo ha ido mejorando. Y con el tiempo he descubierto que ese chico que parecía desinteresado hacia los temas que a mí me fascinan, en realidad era todo lo contrario. La primera sorpresa me la lleve un día en Cádiz cuando tuvimos una larga conversación con Rubén en la piscina. Fui la única defensora de Bécquer y la literatura de entre todos los chicos de Bachillerato. La verdad es que tuve la sensación de que me miraban como a un marciano. Pero al acabar, cuando ya me iba de allí, él se acercó a mí y en susurros me dijo “No te creas, que a mi Bécquer me gusta mucho. Es mi poeta favorito.”
 No se exactamente cuando ha sido, pero he empezado a considerarlo un buen amigo.

Puede que fuera por esas largas conversaciones en el autobús de vuelta de Cádiz, donde no dejamos de preguntarnos cosas para conocernos mejor. Aunque admito que mi falta de sueño hizo que las preguntas fueran más por su parte. Y por la mía fueran respuestas, que luego yo concluía con un “¿Y tú qué opinas?” para seguir la conversación.

O puede que lo que me hizo considerarlo mi amigo fuera su ayuda desinteresada hacía mí, cuando yo me veía frustrada por la costa de Cádiz, incapaz de arrastrar mi piragua al mar, o de caminar sola kilómetros por Sevilla con Rubén hablando sobre Luis Cernuda. Porque en aquellos momentos él no me conocía prácticamente nada, pero aun así, fue de los pocos que se molestó en peguntarme que tal mi pie, y más aún que se ofreció a ayudarme. Y eso me hizo plantearme cuanto me quedaba por conocer de él, y es algo que aún hoy me sigo preguntando. ¿Qué descubriré mañana que me pueda sorprender?

“Yo estaba entre estudiar física y filosofía”
Lo que me reí cuando le escuché decir esa frase. Es una persona con muchos puntos curiosos y ese es uno de ellos. Sale del estereotipo de ciencias o letras, le gustan cosas de ambos lados. Y luego llega y te suelta una frase tan ingeniosa como bonita que te hace quedarte con la boca abierta. “Las personas tienen relieves ¿No? Si todo fueran cosas buenas, serías el protagonista de un cuento y no un personaje redondo.”

Un personaje redondo como los de las historias de Maggie Stiefvater. Como Sam y los demás lobos. Recuerdo que él usó ese adjetivo para describir a Beck. “¿Crees que alguien como yo podría ser algún día ejemplo para alguien?” No sé por qué pero esa pregunta me chocó un poco. Quizá sea por el hecho de que noté cierta inseguridad en ella, cuando en mi cabeza él estaba personificado como alguien bastante seguro de sí mismo.
“Tú no tienes nada que aprender de mí, Marta” me dijo en una ocasión. Pero yo creo que tengo demasiadas cosas que aprender de él. No lo voy a tomar como ejemplo, pero hay muchos aspectos en los que me gustaría ser como él. Saber de filosofía, o aprenderme tantas citas diferentes como se sabe. Creo que todo eso lo considera pedante pero a mí me parece genial.

También me he dado cuenta de que la opinión sobre el chico cambia dependiendo de la persona que hable. Este es solo mi punto de vista, pero he oído otras versiones de su persona (yo me he encargado de preguntar) y me he topado con cosas de él que no sabía. Todavía me quedan muchas cosas por descubrir. Y mientras las voy descubriendo, puedo decir bien alto que este chico vale la pena, y que sinceramente quiero seguir siendo amiga suya. Aunque se meta conmigo, y me llame rubia y torpe. Y me diga pija, débil y choni. Nada de eso lo dice en serio. Luego se ofrece a enseñarme a tocar la guitarra,  me explica las reglas de las magic o hace de mi guía en el LOL pacientemente. Y con todo eso lo arregla.

Ya no me queda nada más que decir, y si alguna vez lee esto espero no piense que estoy colada por él o algo así porque le encanta bromear con esas cosas.

Asique me alegro de que Rubén te hiciera confesar que estás loco por Bécquer porque quien sabe si hubiéramos hablado tanto de lo contrario. Me alegro que confíes en mí para contarme tantas cosas como me has contado. Me alegro que me hayas enseñado como eres. De verdad.
Gracias.


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