Y doy fe a que eso es completamente cierto. Su prioridad siempre han sido las cosas
diferentes, y eso no solo se refleja en sus cuadros, además también en sus
actos.
El día que mi hermana Natalia volvió de Alemania, Miriam y ella
se conocieron. La verdad es que mi hermana nunca ha sido un persona fácil, yo
siempre he pensado que en parte se debe a su ceguera.
Pero a Miriam tampoco se le resistió ella, aunque yo pensé que
Natalia no sería capaz de ver la genialidad de mi amiga. Una tarde, le preguntó
a mi hermana si quería ver su nuevo cuadro, cosa que a ella le ofendió mucho.
Pero Miriam solo sonrió y nos llevó a las dos a su estudio en el centro de
Madrid.
Aquel sitio apestaba a pintura y a aguarrás, pero tenía mucha
luz, y estaba manchado de colores pon todas partes.
Nos condujo hasta una de las paredes, cubierta con una tela, y
la retiró dejándome ver lo que había detrás . La pared estaba cubierta por
pintura de olor fuerte, con la técnica gotelé que representa una cara de mujer
con colores vivos.
-No sé qué hago aquí –comentó mi hermana entonces- Yo no lo veo.
Hizo amago de darse la vuelta, pero Miriam la agarró de la mano
y la colocó sobre el cuadro. Natalia posó las dos manos en la pared, y empezó
a recorrerla con suavidad.
-¿Qué es, Natalia? –Le preguntó la pintora.
Ella solo dejó las manos caer y se quedó de cara al cuadro en
silencio durante unos minutos.
-Una mujer, una muy guapa –susurró
Una vez más, me sorprendió tanto que me quedé muda, a lo que la
pintora aprovechó para acercarse a mí, poniendo su mano en mi hombro.
-¿Lo entiendes ahora? –Me dijo en esa ocasión- El arte no se
mira, se siente.
No es lo único que ha
hecho para darme una lección. Una vez, pintó un árbol de colores, por una
anciana vecina mía, para demostrarme que el arte está en cualquier parte, y en
otra ocasión decoró todas las señales de tráfico, como hacen en otros países
para demostrarme que el arte no tiene reglas, y que alegra a la gente.
Hoy la miro y me acuerdo de ella. No puedo evitar pensar lo que
pensé la primera vez que la vi, y todo lo que he aprendido de ella desde
entonces. Puedes pensar que los artistas son demasiado estrambóticos, y puede
que tengas razón, pero eso es porque ellos ven cosas que tú no. Yo me siento
afortunada por haber podido ver todo lo que siente un artista aunque yo no sea
uno de ellos. Porque como dijo un escritor chino, el mundo está lleno de
pequeñas alegrías y el arte consiste en saber distinguirlas.
Vuelvo a mirar el marco de fotos con su imagen y sonrió con
melancolía. A veces me pregunto si de verdad existía o solo fue producto de mi
imaginación. Sea como fuere, siempre la recordaré como la chica enigmática que
cambió mi vida.
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